Cuando suben las aguas


I

Llueve sobre el río. Las gotas transparentes caen, entran por la superficie y en el frotar de las aguas, el aire se espesa, algo se diluye. Así, ella repiquetea y el río se come la lluvia. Bulle la selva en el amoroso festín de juntar lo alto con lo bajo. Cuando incide el viento del sur, empuja el mar: ¿es el océano que avanza o el río que lo resiste acumulándose en su muralla? Será defensa o pasión (no se sabe), pero el río, animal marrón, se monta entero sobre las islas. Cuando calma, mansamente, se repliega, se escurre por los surcos. Bajo el nuevo cielo, el río apacible y la isla empapada vuelven a rozarse por los bordes, incesantemente, tierra y agua.


II

¿cuánto tiempo guarda la isla el agua?
¿cuánto retiene el río la lluvia?
cuando suben las aguas
¿a qué lugar del cielo?
¿cuándo se vuelve lluvia el río?


III

Era la tranquilidad de la siesta y una garza blanca se posó detrás la casa. Con pasos medidos y mirada aguda recorrió el terreno inundado. Voló un poco más acá y siguió explorando. Movía la sinuosa figura con sus delgadas patitas en el agua y parecía una hermosa bailarina abarcando el blando escenario. De golpe zambulló el pico con certeza. Sacó un pez, lo sacudió en el aire, lo dejó caer al agua y lo volvió a tomar por la cabeza. Estirando el cuello y con el pico en alto se lo tragó en dos movimientos  y permaneció quieta un rato más. Satisfecha, levantó vuelo y la perdí de vista. Se fue, dejándome en una soledad inaudita. Yo, simplemente, me refugiaba en la calidez de la galería soleada. Pero estaba en un territorio que había confundido como propio. Hasta que ella llegó, y se comió el sentido en un instante.


IV

En el cuerpo de la selva se viste el río con sus mejores destrezas, la recorre, la envuelve, la abandona. Se adelgaza  hasta el mar pero regresa henchido de valor y se la monta entero. Todo queda en pie, menos lo suelto. En la retirada, se lleva las víctimas.